En septiembre de 1991, en un glaciar de los Alpes austríacos, unos excursionistas realizaron un hallazgo extraordinario. Entre capas y capas de hielo ahora derretidas que habían sido su tumba durante más de 5.000 años, les observaba el cadáver lleno de tatuajes de un hombre del Neolítico. El frío extremo había conservado su carne y había hecho con el cuerpo algo parecido a la momificación, por lo que, pronto, el hombre prehistórico fue conocido como ‘la Momia del Hielo’.
Ötzi, ‘la Momia del Hielo’ y sus más de 60 tatuajes
Helmut y Erika Simon eran unos alpinistas expertos que, el 19 de septiembre de 1991, descendían por una de las montañas alpinas, el Finialspitze. Estaban a más de 3.500 metros y semejante proeza solo se podía realizar con verdadero conocimiento de la profesión, que es precisamente lo que ellos poseían.
Durante el peligroso descenso, Helmut y Erika pasaron por una hondonada que estaba llena a rebosar de agua derretida de los glaciares (era septiembre, pero todavía hacía un calor extraordinario). De repente, advirtieron una mancha que destacaba en el blanco de la montaña. Cuando se dieron cuenta de que se trataba de un cadáver, alertaron a las autoridades, que iniciaron el rescate del que se creyó un montañero perdido y siniestrado.
Sin embargo, la piel extremadamente dura y curtida del cadáver, así como los extraños y primitivos utensilios que portaba, permitieron que algunos de los presentes se dieran cuenta de que lo que tenían ante ellos era, en realidad, el cuerpo de un hombre prehistórico, que había vivido hacía nada menos que unos 5.000 años. Un cuerpo que, por cierto, estaba cubierto de tatuajes (luego, durante la exploración, se contabilizaron más de 60). La prensa pronto bautizó al desconocido con el nombre de Ötzi por la ubicación del hallazgo, los Alpes de Ötztal.
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El hombre del Neolítico... ¿que murió asesinado?
Los restos del misterioso hombre prehistórico se enviaron al Instituto de Medicina Forense de Innsbruck, a donde acudió sin perder tiempo Konrad Spindler, el entonces director del Instituto para la Prehistoria de la capital tirolesa. Las pruebas de carbono-14 arrojaron luz al misterio: en efecto, el cadáver correspondía al de un hombre que había muerto aproximadamente en 3.300 a.C., es decir, en plena era neolítica.
La pregunta saltó enseguida: ¿por qué había muerto Ötzi? En 2001, el arqueólogo Paul Gostner encontró lo que parecía ser la punta de una flecha en el cuerpo del hombre, alojada en la espalda, lo que, unido a las heridas y contusiones que presentaba el cadáver (una en la mano derecha y cuatro costillas rotas), arrojó la posibilidad de que Ötzi hubiera muerto asesinado.
Pero ¿qué hacía Ötzi en las montañas? Los investigadores relacionan su presencia con una ruta trashumante, por lo que nuestro desconocido amigo podría haber sido ganadero o agricultor. Todo apunta a que el pastor neolítico tenía unos cuarenta y seis años cuando falleció, pesaba unos 50 kilogramos y medía 154 centímetros. Fuera cual fuera su final, lo último que nuestro personaje podía pensar era que la nieve de los Alpes preservaría su cuerpo para la posteridad.
Tatuajes y más tatuajes
A pesar de que ya se habían advertido los múltiples tatuajes que presentaba la momia, no fue hasta 2015 que se examinaron detenidamente y se publicaron los resultados en el Journal of Cultural Heritage. El equipo de Marco Samadelli, de la Institución EURAC de Bolzano, en Italia, halló más de 60 tatuajes, uno de los testimonios más antiguos de esta práctica milenaria.
En concreto, Ötzi presentaba formas geométricas agrupadas por todo el cuerpo, así como dos cruces, una en cada pierna (una en la rodilla derecha y la otra en el tobillo izquierdo). Lo más sorprendente de la investigación es que la gran mayoría de estos tatuajes se encontraron en las articulaciones de Ötzi; esto, unido a la artritis que, al parecer, sufrió, podría insinuar un uso terapéutico de la práctica del tatuaje.
De hecho, es esta una de las funciones más antiguas documentadas del denominado bodymod o modificación corporal: el arreglo de ciertas disfunciones físicas. Por otro lado, Ötzi portaba en el momento de fallecer cierta cantidad del denominado hongo del abedul, utilizado desde la Prehistoria para tratar infecciones. Además, en su estómago se encontró, además de restos de carne en proceso de digestión, un tipo de musgo usado para la cicatrización y curación de heridas.
¿Podemos entonces deducir que los 61 tatuajes identificados en la momia de Ötzi tenían un uso única y exclusivamente terapéutico? En realidad, no. No se pueden descartar otras funciones, como, por ejemplo, las prácticas religiosas y/o identitarias, básicas para la integración y la pertenencia a un grupo.
¿Cómo se realizaron los tatuajes de Ötzi?
Puede que nos preguntemos cómo se realizaron los tatuajes de Ötzi en una época tan lejana como el Neolítico europeo. En realidad, se trata de una técnica muy antigua y primitiva: una vez seccionada la piel, se introducía pigmento negro en la herida, que cicatrizaba con el color. Más plausible parece ser el uso de un punzón untado en pigmento; algo que, como vemos, es asombrosamente parecido a las técnicas de tatuaje actuales.
El 13 de marzo de 2024 se publicó un nuevo estudio en el European Journal of Archaeology, liderado por Aaron Deter-Wolf, que ya en 2016 compiló muchísimos datos relacionados con tatuajes antiguos y los relacionó con los de "la Momia del Hielo". Según el investigador, los bordes redondeados que presentan los tatuajes de Ötzi son perfectamente compatibles con el uso de hueso o cobre. Casualmente, el hombre llevaba un hueso punzante entre sus pertenencias.
En todo caso, "la Momia" o "el Hombre del hielo" demuestra que la técnica del tatuaje es prácticamente tan antigua como el ser humano. Lo que desconocemos es qué la originó, aunque bien podría haber sido una combinación de factores religiosos, identitarios y terapéuticos. Sin olvidar, por supuesto, algo que todavía permanece en nuestros días: la idea de lo bello.


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